
TeJiEnDO lA ViDa
Para tristeza de mi gatito no alcance a durar ni un día en mi casa; por motivos de fuerza mayor partí a Coquimbo a la casa de mi abuelita para ayudar a cuidar a mi viejito. De enfermera tengo bien poco, pero a pesar de lo irónico de la situación y lo que puede llegar a ser igual soy compañía para mi abuela. Quizás no soy la más idónea, pero en la mayoría de los casos el que es el indicado o que queremos que nos acompañe nunca puede o quiere hacerlo – no llega – siempre están: O el aparecido inesperado que llega de la nada o el que siempre llega sin que lo soliciten y aunque le pongan cara fea ta^ siempre list. Entre esos yopo, como diría el buen chileno: A nada!!! Igual a falta de pan buenas son las tortas y a la hora D; eso igual se agradece, pues la ayuda nunca ta^ de más.
Y en mi caso yo por mi viejito haría cualquier cosa. Y con la fuerza de la costumbre pesque mi bolso y partí para los confines de los cerros de mi añorado Coquimbo, al fin y al cabo la diferencia con el Tibet varía sólo en el grado del desprendimiento de las cosas, pues aquí donde mis abuelos cero tele, radio, pc y con una escasa cobertura de celular, la desconexión es casi total. Sin embargo, eso es bueno también; mi cabeza necesitaba un “outside” del diseño no son las mejores circunstancias, pero como me aconsejo una amiga - Me tomaré unos días e intentaré olvidar, hacer algo… tejer para relajarme y retomaré en Abril.
Si bien yo no me desconecto nunca y sólo cambian el orden de las prioridades de mi corazón siempre habrá mucho que hacer. Estos días han pasado lentamente el estado delicado de mi abuelito estremeció los miedos de todos, nuestra humanidad fue como una cachetada a la vida individualista de cada uno de los miembros de mi familia, pues cuando ella (la hermana muerte) se insinúa cerca todos nos acordamos que nuestro cuerpo es frágil y que nadie por más bueno o malo, rico o pobre, puede agregar un minuto más a su vida o evitar el debilitamiento natural por el paso de los años o el ser consumido por una enfermedad, son cosas que vienen implícitas en la vida que se deben aceptar y entender.
En momentos como estos nos agarramos la cabeza a dos manos, se nos exprime el corazón, nos doblegamos de dolor nos hacemos mil preguntas y entre tanta confusión no vemos que la respuesta es mucho más sencilla, la muerte es parte de la vida. Al igual que mi madeja de lana vamos tejiendo nuestra vida y llegado un momento esa prenda ese todo entramado tendrá su realización máxima y será el final que dará inicio a un nuevo principio donde cada hebra tendrá su razón de ser la evolución y el crecer es inevitable.
Yo temblé, sufrí, me angustie me enrabie mirando todo a mi alrededor, pues aunque mi visión sea de renovación no todos tienen la fe ciega y apasionada que yo, la empatía a veces es dolorosa y por mas que uno comprenda y respete el lugar del otro, siempre existirán los egoístas que sólo piensan en su bienestar y avasallan con todo.
De esto queda mucho, tengo más tarea pa^ la casa que cabro chico… Mi abuelito hasta hoy se mantiene estable dentro de su enfermedad. Yo por mi parte no se donde reposaré mi cabeza en los próximos días, si en mi casa, en el Tibet o aquí… después de todo sigo siendo “Una hoja en el viento que vuela hacía el Sol..”






