
El otro día mientras veía el amanecer en la sombría vereda afueras de urgencia en el hospital descubrí tristemente que en situaciones extremas y de mucha conmoción siempre y al igual como Jesús en el calvario, los únicos que nunca fallan son la madre y en este caso la mejor amiga.
Ellas comparten contigo en un sólo sentir el paso de los acontecimientos sean pequeños o de grandes dimensiones – no interfieren pues a veces nada pueden hacer para que las cosas cambien - no obstante lo importante es que están ahí y eso es lo que trasciende en el corazón.
Ya me había pegado la percatada de que todos fallan (forget), pero lo que fue heavy es que en emergencias como ésta uno inmediatamente requiere el apoyo adicional de los “amiguis” el autocontrol, la templanza y la fe (todo aquello que se nubló cuando viste la ropa llena de sangre minutos antes) En fin, yo vi pasar la lista de números y con tristeza descubrí que después de mi amiga la única persona con autocontrol, un estudio acabado de mi (como amigos de toda la vida) y un “KI” tan alto como para calmar una tempestad estaba en el otro hemisferio a kilómetros de aquí.
Hice varias llamadas entre buzones de voz, fuera de cobertura y otros.. Me di cuenta de que éramos el horizonte y yo… había ene gente sin ser mal agradecida para con ellos, pero nadie íntimo como para mitigar la preocupación; entonces agradecí inmensamente que Dios nunca duerma, que no tenga secretarias ni buzones de voz…
Entre los viejos y opacos pasillos del maltrecho hospital yo recordé mi Kenny cada palabra sensata y apacible que Dios te regaló para mí, cada historia antigua vino a mí: Entre los ajíes, las piedras que recogimos en el camino, los tres árboles que sueñan, el aprender a pescar, la misericordia por sobre la soberbia, incluso la frase casi repetida de gracias amigo por tu mano fría (EJE)… Me acompañaron en tu nombre.
Mi amiga cual escudero protegió mis tesoros con lealtad y sus palabras fueron importantes y necesarias, ojalá y te sientas orgulloso pues fue un día de terror pero lo sobrellevé con amor y con esperanza. Tu punto mandón aprendió una que otra cosita y aún esta invicta como Job y no ha perdido la fe a pesar de los imbates de la vida.
Quizás he perdido un poco la esperanza en las personas o en algunas específicamente, pues ya los días en que anhelante revisaba el buzón ya se acabaron, tampoco espero las promesas efímeras de los mails, tampoco me impresiona que suene el celular (incluso me asusta) o la figura inesperada en el umbral de la puerta – esas cosas ya perdieron su brillo -
Lo único que se mantiene y no pasa es el Amor a Dios, el mismo de siempre pero más maduro totalmente aterrizado, incluso debo asumir que entre tanta decepción e incidentes me he puesto algo floja media aturdida estoy todavía, sin embargo es fundamental mi retorno a las andanzas pues hay cosas que no pueden esperar. Elevaré holocaustos en su nombre para que Él vuelva sus ojos a mí y al igual como ha sido siempre comencemos de nuevo.
“Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva…”
(San Agustín)





