
Ayer me instale a escribir hasta altas horas de la madrugada todas las cosas que espero este fin de ciclo se lleve, como que se me hizo largo el año o los cambios dieron la sensación que el tiempo se prolongo demasiado. Un desiderata de contrastes que se habían diluido entre la vorágine de ir y venir.
Fue un año “extraño, distinto, impensado” como se le pueda llamar, su desarrollo fue inesperado y sin darme cuenta toque el punto cero allí donde ya no se tiene nada, no puedes perder nada porque careces de todo como en la canción “Soy yo bajo el reflector hablándole a Dios” (REM Losing my religión) Desde ese estado de quietud ante un desenlace final, vino la toma de decisiones y la osadía de sentirse capaz de empezar algo nuevo despojándose de los sueños rotos y fallidos intentos de egoísmo puro en perseguir cosas que carecen de contexto en tu hoy y que forman parte de sueños ajenos adosados a tu historia familiar.
Este año me probé a mi misma, descubrí que mi fuerza no radica en mi mente ni en mi humanidad sino en mi corazón (como Seabiscuit) hice tripas corazón y camine de la mano de mi viejito en su proceso de recogimiento y tristemente lo deje partir en brazos del creador. Aún no entiendo como pude tener tanta cara de palo para hacer tantas cosas en medios del caos imperante de aquellos días, pero aunque sea ininteligible todo lo sucedido cumplí con los hombres y termine la universidad a punto de puños y obstinación; quede exhausta de la presión y revele tristemente el misterio de que un cartón en una pared no rebosa el corazón a los ojos indoctos de hombres ambiciosos es un triunfo, pero la plenitud esta lejos de regocijarse en el ego.
Sentimientos encontrados de eso tuvo mucho este año, y así con las patas y el buche yo partí en busca de la emancipación y la soberanía de mi yo. Me arriesgue y me tire de cabeza como siempre, me despoje de todo lo que me vio crecer mis pertenencias, el barrio, las comodidades, la comida en abundancia, el dinero y el confort que otorga la estabilidad de la manutención de otros.
Cambie todo por la tranquilidad y la autonomía del poder ser yo sin pedir disculpas… Bien sola quede por anhelar mi albedrío el proceso fue lento y desolado, un salto de Fe algo lacrimógeno y austero un camino en solitario para encontrar al yo profundo entre los autoritaristas impuestos por el antiguo régimen de la Rebeldía vs. Sometimiento.
Sin mirar para atrás, pues la suerte estaba echada… asumí en extrema docilidad y humildad el empezar de cero, sembrar mi hoy en base a lo aprendido en el ayer tomar mis propias redes para salir a pescar y hacer lo que siempre quise dentro de mis posibilidades por cierto.
Llene mi vida de velas, música y mucho amor para todos. Emplee la ya efectiva técnica del saber a escuchar y amar para luego comprender de esta manera reuní a seres maravillosos en torno a la amistad. Con ellos cultive mis escondidas cualidades y los regalos divinos que Dios me dio y que nunca me anime a usar y abandone mis ya innumerables defectos para transfigurarme alguien mejor; si bien nunca seremos perfectos ellos están allí para hacérmelo saber, son luz y como dice mi Jesucito ya no los llamo siervos, sino amigos...
Y ya al poner el punto aparte a este año sólo puedo elevar los brazos al cielo, pues a pesar de todo este fue un “Año de Gracia” pues Dios ha hecho innumerables maravillas en mi vida que no se alcanzan enumerar pues son más que las estrellas del cielo. Y decir que “Hoy es el primer día de mi vida”, pues ya se donde voy… y nadie aquí en la tierra será capaz de separar mi destino del que Dios forjo para mi.
“Ni la muerte ni la vida, ni los ángeles, ni los poderes espirituales, ni el presente, ni el futuro, ni las fuerzas del universo, sean de los cielos, sean de los abismos, ni criatura alguna, podrá separarnos del amor de Dios, que encontramos en Cristo Jesús, nuestro Señor”.
Fue un año “extraño, distinto, impensado” como se le pueda llamar, su desarrollo fue inesperado y sin darme cuenta toque el punto cero allí donde ya no se tiene nada, no puedes perder nada porque careces de todo como en la canción “Soy yo bajo el reflector hablándole a Dios” (REM Losing my religión) Desde ese estado de quietud ante un desenlace final, vino la toma de decisiones y la osadía de sentirse capaz de empezar algo nuevo despojándose de los sueños rotos y fallidos intentos de egoísmo puro en perseguir cosas que carecen de contexto en tu hoy y que forman parte de sueños ajenos adosados a tu historia familiar.
Este año me probé a mi misma, descubrí que mi fuerza no radica en mi mente ni en mi humanidad sino en mi corazón (como Seabiscuit) hice tripas corazón y camine de la mano de mi viejito en su proceso de recogimiento y tristemente lo deje partir en brazos del creador. Aún no entiendo como pude tener tanta cara de palo para hacer tantas cosas en medios del caos imperante de aquellos días, pero aunque sea ininteligible todo lo sucedido cumplí con los hombres y termine la universidad a punto de puños y obstinación; quede exhausta de la presión y revele tristemente el misterio de que un cartón en una pared no rebosa el corazón a los ojos indoctos de hombres ambiciosos es un triunfo, pero la plenitud esta lejos de regocijarse en el ego.
Sentimientos encontrados de eso tuvo mucho este año, y así con las patas y el buche yo partí en busca de la emancipación y la soberanía de mi yo. Me arriesgue y me tire de cabeza como siempre, me despoje de todo lo que me vio crecer mis pertenencias, el barrio, las comodidades, la comida en abundancia, el dinero y el confort que otorga la estabilidad de la manutención de otros.
Cambie todo por la tranquilidad y la autonomía del poder ser yo sin pedir disculpas… Bien sola quede por anhelar mi albedrío el proceso fue lento y desolado, un salto de Fe algo lacrimógeno y austero un camino en solitario para encontrar al yo profundo entre los autoritaristas impuestos por el antiguo régimen de la Rebeldía vs. Sometimiento.
Sin mirar para atrás, pues la suerte estaba echada… asumí en extrema docilidad y humildad el empezar de cero, sembrar mi hoy en base a lo aprendido en el ayer tomar mis propias redes para salir a pescar y hacer lo que siempre quise dentro de mis posibilidades por cierto.
Llene mi vida de velas, música y mucho amor para todos. Emplee la ya efectiva técnica del saber a escuchar y amar para luego comprender de esta manera reuní a seres maravillosos en torno a la amistad. Con ellos cultive mis escondidas cualidades y los regalos divinos que Dios me dio y que nunca me anime a usar y abandone mis ya innumerables defectos para transfigurarme alguien mejor; si bien nunca seremos perfectos ellos están allí para hacérmelo saber, son luz y como dice mi Jesucito ya no los llamo siervos, sino amigos...
Y ya al poner el punto aparte a este año sólo puedo elevar los brazos al cielo, pues a pesar de todo este fue un “Año de Gracia” pues Dios ha hecho innumerables maravillas en mi vida que no se alcanzan enumerar pues son más que las estrellas del cielo. Y decir que “Hoy es el primer día de mi vida”, pues ya se donde voy… y nadie aquí en la tierra será capaz de separar mi destino del que Dios forjo para mi.
“Ni la muerte ni la vida, ni los ángeles, ni los poderes espirituales, ni el presente, ni el futuro, ni las fuerzas del universo, sean de los cielos, sean de los abismos, ni criatura alguna, podrá separarnos del amor de Dios, que encontramos en Cristo Jesús, nuestro Señor”.



