El Perdido Romanticismo Mágico

Ayer en un impulso de curiosidad por lo que esta de moda y ante el ruido que el libro y que la película han generado en el medio, vi “Crepúsculo” me imagino que como todas las películas basadas en un libro, peca al igual que muchas de no reflejar a cabalidad lo que el autor quiso ilustrar en un par de líneas.
La película tiene un filtro azulado permanente, sencilla en sus tomas y sin grandes sobresaltos en los efectos visuales que son más bien lúgubres haciéndole honor al género vampiresco. Lo destacable y que refleja los tiempos de hoy es que los vampiros nunca se vieron tan glamorosos; siendo igualado solo por Louise de Pointe du Lac (Brad Pitt en Entrevista con un vampiro) todos se ven altos, imponentes y bellos como salidos de un aviso publicitario de Calvin Klein y la estética visual de los personajes esta muy bien enfocada al nicho adolescente, considerando que Edward maneja un envidiable bólido a lo 007 y que su familia tiene una casa a lo Frank Lloyd en pleno Bosque. (Que ganas de ser vampiro...)
Olvidándonos de la forma, la película es buena sólo eso, quizás mi entusiasmo por el idealismo mágico de seres condenados a un destino que no eligieron y que los obliga a amar más ya de los límites de su razonable existencia, esta gastada para mí. Quizás entre tanto ir y venir descubrí que el amor de Shakespeare ya no se refleja por aquí, Julieta le tira un plato a Romeo por la cabeza y al final del día llama a su abogado para quitarle todo, como dice Calamaro, en su canción.
No sé… bienvenida realidad. Quizás deseamos siempre soñar con que el joven lindo y atormentado pero de buen corazón, se presentara un día y que a la luz de la luna reflejara su sombra en nuestro pórtico y en su lujoso carruaje nos llevara lejos a un mundo inimaginable lleno de amor hasta la eternidad, que lindo!

Yo en cambio, aún sueño pero he logrado obtener un poco de objetividad y bajar las revoluciones de la idealización ñoña que nuestro género suele cultivar a través de estereotipos imaginarios de amores tormentosos que terminan bien, por favor pregúntele a Shakespeare -todos mueren-. No siempre lo que queremos es lo que nos hace bien, o lo que nos hace bien es lo que tenemos, en fin.
Me encanta Edward y sus lindas palabras de amor sincero y romántico, sin embargo hoy por hoy lo que uno desearía es más cotidianidad en los sentimientos y menos ficción en los diálogos, para pasar a los silencios y suspiros que lo dicen todo en una realidad que no acompaña para nada, pero que mal que mal es lo real lo que se tiene y en lo que hay que vivir.
La película tiene un filtro azulado permanente, sencilla en sus tomas y sin grandes sobresaltos en los efectos visuales que son más bien lúgubres haciéndole honor al género vampiresco. Lo destacable y que refleja los tiempos de hoy es que los vampiros nunca se vieron tan glamorosos; siendo igualado solo por Louise de Pointe du Lac (Brad Pitt en Entrevista con un vampiro) todos se ven altos, imponentes y bellos como salidos de un aviso publicitario de Calvin Klein y la estética visual de los personajes esta muy bien enfocada al nicho adolescente, considerando que Edward maneja un envidiable bólido a lo 007 y que su familia tiene una casa a lo Frank Lloyd en pleno Bosque. (Que ganas de ser vampiro...)
Olvidándonos de la forma, la película es buena sólo eso, quizás mi entusiasmo por el idealismo mágico de seres condenados a un destino que no eligieron y que los obliga a amar más ya de los límites de su razonable existencia, esta gastada para mí. Quizás entre tanto ir y venir descubrí que el amor de Shakespeare ya no se refleja por aquí, Julieta le tira un plato a Romeo por la cabeza y al final del día llama a su abogado para quitarle todo, como dice Calamaro, en su canción.No sé… bienvenida realidad. Quizás deseamos siempre soñar con que el joven lindo y atormentado pero de buen corazón, se presentara un día y que a la luz de la luna reflejara su sombra en nuestro pórtico y en su lujoso carruaje nos llevara lejos a un mundo inimaginable lleno de amor hasta la eternidad, que lindo!

Yo en cambio, aún sueño pero he logrado obtener un poco de objetividad y bajar las revoluciones de la idealización ñoña que nuestro género suele cultivar a través de estereotipos imaginarios de amores tormentosos que terminan bien, por favor pregúntele a Shakespeare -todos mueren-. No siempre lo que queremos es lo que nos hace bien, o lo que nos hace bien es lo que tenemos, en fin.
Me encanta Edward y sus lindas palabras de amor sincero y romántico, sin embargo hoy por hoy lo que uno desearía es más cotidianidad en los sentimientos y menos ficción en los diálogos, para pasar a los silencios y suspiros que lo dicen todo en una realidad que no acompaña para nada, pero que mal que mal es lo real lo que se tiene y en lo que hay que vivir.



